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Un 60% de los trabajadores no encadena contratos temporales

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Los contratos temporales y su uso por parte del sistema público y el mundo empresarial siguen causando polémica. Según revelan los últimos datos, del total de contratados de forma temporal, sólo el 41,3%, es decir, 1,6 millones de personas, renuevan su contratación. Estas cifras, que dejan un amplio margen a quienes se quedan sin trabajo tras un contrato temporal, no han subido por el momento, a pesar de la nueva norma establecida por el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, que elimina, al menos hasta 2013, el artículo legal que impedía el encadenamiento de este tipo de contratación.

Mientras los sindicatos se agitan con indignación por la eliminación de este límite, que se presentó como medida estrella y logro de los sindicalistas en la reforma laboral de 2006, y el Partido Popular propone un nuevo tipo de contratación que elimine la temporalidad a costa de bajar la indemnización por despido a 20 días, el PSOE no ha conseguido cambiar el panorama español con esta nueva reforma improvisada. Y es que, tal y cómo indican los expertos, la medida establecida a final de agosto por el Ejecutivo, que pretendía desesperadamente crear empleo, aún no ha tenido la respuesta esperada por el grueso de la sociedad y las empresas.

El problema reside, según se deduce de los datos obtenidos, en que la permisividad a la hora de encadenar trabajos temporales debería suponer un incentivo de contratación, y de este modo, reducir el paro, pero, tras analizar el comportamiento de la ocupación temporal, esta medida queda en entredicho. Y es que según parece, los empleados temporales cubren un tipo de puestos de trabajo que no se vería afectado por la eliminación de topes en el encadenamiento.

Desde diferentes colectivos y sectores sociales se han pedido soluciones reales al Gobierno para crear empleo, ya que, según afirman los especialistas, la nueva ruptura en el límite de encadenamientos no puede llegar a ser efectiva por la simple razón de que tampoco lo fue poner el citado límite. Y es que, si bien en la teoría las empresas se veían con anterioridad forzadas a hacer fijos a sus trabajadores tras un período como temporales, la realidad era que los despidos se producían igual durante el tiempo necesario para volver a aceptar al empleado dentro del mismo tipo de contratación.

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