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Qué hacer si tu hijo no quiere estudiar

La adolescencia es una etapa de la vida muy complicada, sobre todo en el tema de los estudios. Da igual que de pequeño se hayan sacado las mejores notas del colegio, es llegar la pubertad y las ganas de hincar los codos se van a freír espárragos. Esto trae consigo una caída brutal en la calidad del desempeño escolar que, a su vez, influye directamente en la motivación de los chavales. A partir de ahí el problema se convierte en un círculo vicioso de falta de motivación y bajo rendimiento.

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Al bajar la motivación, baja el rendimiento y éste tira de nuevo de la motivación hacia abajo. Esta espiral decreciente de rendimiento y motivación puede llegar a puntos insoportables donde los estudiantes, además de perder el interés por la escuela, empiezan a desconfiar incluso de la utilidad de la propia educación que han recibido. Pero que no cunda el pánico, este proceso no es imparable; de hecho, es reversible si se toman las medidas precisas y oportunas.

Luchando contra el hastío adolescente

Los adolescentes parecen molestarse por cualquier cosa, nada les agrada, son rebeldes y pasan de todo. Pero los padres no deben tomárselo como una declaración de intenciones de los jóvenes, es solo una respuesta inevitable a los múltiples cambios que sufren. Cambia el cuerpo, la psique, los procesos hormonales, las relaciones sociales... cambia todo. Así que es normal que se despisten o se agobien con cualquier cosa, igual de normal que se desinteresen por los estudios.

Esta condición, la de adolescente, hay que tenerla presente si se quiere echar una mano a la muchachada para que no deje los estudios. Pero además hay que comprender cuáles son las preferencias de los adolescentes y saber qué buscan en esta etapa de la vida. El adolescente es impulsivo, pero también empieza a reflexionar sobre el mundo que le rodea, por lo que no hay nada mejor que proponerle actividades donde pueda opinar y actuar sobre su entorno de forma reflexiva.

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Colegas y nuevas tecnologías

Parece simple, pero con mantener una comunicación fluida y amistosa se tiene la mitad del trabajo hecho. Esta actitud dialogante dará a los padres información sobre los intereses de los hijos adolescentes, punto desde el cual se puede empezar a trabajar la motivación. Sin olvidar que las conversaciones le sirven a los jóvenes para balancear sus emociones (ya que la pubertad es una etapa donde la inteligencia emocional es un caos.) Pero donde encuentran la motivación real los adolescentes es entre sus iguales.

Conectar las demandas escolares con el trabajo en equipo entre iguales es la mejor forma para crear un ambiente motivador para los adolescentes. Y si a este ambiente de colaboración activa entre iguales le añadimos el toque de las nuevas tecnologías, el éxito está asegurado. No solo porque los adolescentes de ahora no puedan despegarse del móvil para relacionarse, sino porque se aburren con los métodos que suelen usar en el instituto (es que algunos profesores parecen salidos del siglo XIX).

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