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¿Por qué estos basureros ganan 100.000 al año?

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Noel Molina y Tony Sankar son dos basureros neoyorquinos que trabajan juntos por las calles de la ciudad que nunca duerme. Hasta aquí no hay nada fuera de lo común, a menos que echemos un vistazo a sus jugosos sueldos, ambos muy por encima de la media de los basureros estadounidenses: 40.000 dólares. Noel, que conduce el camión de basura de esta singular pareja profesional, gana la friolera de 112.000 dólares anuales, solo 12.000 dólares más que su ayudante.

Tony se gana esos 100.000 dólares colgado de la parte trasera del camión como cualquier basurero, un sueldazo que le permite mantener a ocho hijos. Una proeza comparable a la de Noel, que conduciendo un modesto camión de basura cada noche (unas 60 horas semanales en total) se está comprando una casa de cuatro dormitorios en Long Island. Entre los dos recogen cerca de 30.000 kilos de basura cada jornada, un trabajo que los deja hechos polvo y oliendo bastante mal.

Pero por muy apestoso y peligroso que sea el curro de estos dos señores, seguro que merece la pena mirar la cuenta corriente a principios de mes y ver un número de seis cifras. Pero qué hacen de especial estos dos basureros para sacarse un sueldo que supone más del doble de la media nacional, algo tienen que estar haciendo muy bien. Puede que sea por la dilatada experiencia que ambos tienen a sus espaldas (llevan unos diez años trabajando juntos por las calles de Nueva York).

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Esta claro que su historial laboral, después de una década recogiendo basura, es impagable. Lo que han soportado todos estos años no tiene precio, como los borrachos pesados, por no hablar de las cosas que han visto en los cubos de basura... hasta una pierna se han llegado a encontrar entre las bolsas. Pero la razón puede estar en la disposición y la necesidad de su jefe, David Antonacci, que se queja constantemente de lo difícil que es encontrar un buen conductor de camiones de basura.

Muy pocos tienen la licencia apropiada, y los que tienen titulaciones o estudios superiores pasan de recoger basura. Es cuestión de oferta y demanda, si nadie quiere un trabajo estigmatizado, apestoso, peligroso, nocturno, agotador y frío pues habrá que subir el sueldo para atraer a la gente. Parece que la basura del siglo XXI valdrá su peso en oro y ya se empiezan a ofrecer sueldazos a los trabajadores más atrevidos, al menos en la insomne ciudad de Nueva York.

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