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Ponen guarderías al lado de asilos y el resultado es espectacular

  • Twitter - alex_valero3

A veces dicen que los ancianos son como niños, y que a medida que vamos envejeciendo más nos parecemos a los bebés. En cierta manera, es así. Ancianos y pequeños dicen lo que piensan, no tienen apenas vergüenza y son cajas de sorpresas andantes. Tantos los retoños como los yayos requieren nuestra atención y, aunque puedan llegar a ser un verdadero coñazo a veces, no hay nada como pasar un par de horas con ellos para disfrutar de una compañía enriquecedora e incomparable.

Por eso es una pena que dejemos a nuestros mayores en frías residencias, como si se tratara de coches aparcados en un parking de supermercado. Por lo menos es lo que uno piensa cuando ve las caras de los residentes de un geriátrico; más o menos la misma de muchos niños cuando salen de casa para ir a la guardería. Porque los niños tampoco se libran de ser "aparcados" (o "guardados") en centros poco estimulantes para su mente inquieta (aunque, para hacer honor a la verdad, hay algunos muy buenos).

Esa es la conclusión a la que han llegado en una residencia de ancianos californiana, en Los Ángeles, donde un grupo de investigadores ha decidido poner en marcha un experimento psicológico poco común: unir un centro de educación infantil al geriátrico. Frente a lo que se pudiera pensar en primer lugar, el resultado ha sido espectacular, y el griterío típico de los infantes no ha desquiciado a los ancianos. Al contrario, parece que la experiencia ha sido de lo más positiva.

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En lugar de molestarse, los abueletes recibieron de buen grado el escándalo continuo de la muchachada. Pero lo realmente llamativo es que a los pocos días los residentes empezaron a recargar las pilas sin motivo aparente, como si la energía de los pequeños se contagiara. Tal fue el efecto causado, que hasta algunas enfermedades psicosomáticas y problemas psicológicos que sufrían (como la depresión) mejoraron significativamente. Pero no se vayan todavía, aún hay más.

Los niños también salieron ganando con la compañía de los abueletes, concretamente en lo referente a la capacidad memorística. Tras un par de semanas, parecían aprender más fácilmente y asimilar la información con más rapidez. El resultado de la investigación ha sido tal, que en California ya se están planteando exportar la idea a otros centros, dentro y fuera de Los Ángeles (e incluso fuera del estado). Con suerte, hasta podría llegar al otro lado del Atlántico y, por qué no, probarse en España.

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