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¿Cuáles son las oposiciones más difíciles de aprobar?

Acceder a una plaza pública requiere esfuerzo, pero algunas oposiciones son más difíciles de aprobar que otras. Tradicionalmente, las de Abogado del Estado o las de Registrador de la Propiedad han sido consideradas las oposiciones más duras, casi imposibles de aprobar. En todo caso la dificultad dependerá del aspecto que se valore: temario, complejidad de las pruebas prácticas, idiomas, etc.

    Flickr - Thiago Pires

Entre letrados, registradores y notarios anda el juego

Las pruebas para obtener una plaza como Registrador de la Propiedad, Notario, o en los cuerpos superiores de las Administraciones Públicas y en la Administración de Justicia son las oposiciones más difíciles de aprobar debido a la dedicación, esfuerzo y paciencia que demandan.

En la mayoría de los casos los opositores se preparan para las pruebas con horarios a tiempo completo y siete días a la semana, costándole a los opositores una media de 4 ó 5 años alcanzar una plaza.

Notarías, Registros y Abogados del Estado

Como ejemplo de la ingente literatura que tienen que memorizar estos opositores, basta con mencionar que el temario de las oposiciones para Notarías y para Registros superan los trescientos temas con holgura. Además, hay que añadir textos legales dilatados como el Código Civil.

Las oposiciones para Abogado del Estado y Judicaturas tienen temarios aún más extensos y, aunque son igual de sufridas que las de Notarías y Registros, hay que sumarles la dificultad que supone que algunas materias no estén condensadas como en las pruebas teóricas a Notarías o Registros.

Cuerpo Superior Jurídico de Penitenciarías

Acceder a una plaza del Cuerpo Superior Jurídico de Instituciones Penitenciarias es considerado por muchos como una odisea. Estas oposiciones tienen fama de ser insuperables por muchos motivos: la complejidad del Derecho Penitenciario como disciplina jurídica, el interminable temario legal y de riesgos laborales, los cambios constantes en la legislación penitenciaria, etc.

No facilita las cosas tener que memorizar las resoluciones de los Jueces de vigilancia Penitenciaria o los nombres de los reclusos del centro donde realicen las prácticas. A esto hay que añadir que la concurrencia de opositores es desproporcionada en relación a las poquísimas plazas que se ofertan en cada convocatoria.

La dificultad está en el opositor

La dificultad de una oposición depende en muchos aspectos del perfil del opositor. Para las oposiciones a Notarías y Registros el opositor ideal es el que pueda memorizar párrafos y párrafos y repitirlos literalmente hasta la saciedad. En cambio, para ser Abogado del Estado se necesitar ser elocuente y gestionar grandes cantidades de información en poco tiempo.

Pero no todas las oposiciones obligan al opositor a aprender literalmente los textos. Algunas oposiciones, como las de Letrados del Consejo de Estado, demandan al opositor la elaboración de sus propios textos. Esto puede favorecer a los opositores que se desenvuelven mejor reformulando los textos en vez de repetir la información tal cual.

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La competencia marca el nivel de dificultad

Se cree que algunas oposiciones son más difíciles de aprobar que otras. Es cierto que los temarios y las pruebas prácticas definen en cierta medida el grado de dificultad de una oposición, pero lo cierto es que al final es el conjunto de opositores el que marca la diferencia, subiendo o bajando el nivel del grupo y la ferocidad de la competencia. Cada oposición es un mundo, y cada año pueden variar la dureza de las pruebas y el nivel de los competidores.

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