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¿Es más fácil encontrar trabajo si se es guapo/a?

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En el ámbito educativo los psicólogos suelen referirse al "efecto halo" para describir situaciones donde el docente se crea una idea preconcebida de sus alumnos a partir de una sola características como el aspecto físico, la indumentaria o lo más o menos monos que sean. Hay que dejar claro, que cuando hablamos de "efecto halo" no tenemos por qué referirnos a detalles estéticos, pero lo cierto es que suelen ser los que más condicionan los juicios de valor previos de las personas.

Esto ocurre en cualquier espectro de la vida, pero en el educativo es quizá más evidente. Se nota cuando un profesor atribuye más capacidad intelectual a un alumno por parecerle más guapo o mejor vestido (dentro de sus cánones de belleza y etiqueta). No es que estemos ante personas prejuiciosas o malintencionadas, es solo un mecanismo psicológico que salta de forma inconsciente y que solo puede controlarse si nos paramos a valorar a las personas de forma racional y basándonos en las evidencias.

Parece una tontería, pero el "efecto halo" puede complicarnos la vida, no solo al ser sujetos activos del proceso (cuando votamos a un político por su apariencia). Sobre todo podemos salir perdiendo cuando somos objetos pasivos del prejuicio, como ocurre en las entrevistas de trabajo. Si en el cole, el instituto o la universidad nos hacían más o menos caso en función de alguna característica personal más o menos atractiva, en un proceso de selección nuestro aspecto físico y nuestra guapura pueden determinar el resultado.

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No es justo, cierto. Pero los entrevistadores son humanos y, por mucho que se preparen para evitar estos procesos psicológicos, pueden caer en la trampa de otorgar a un candidato características positivas no comprobadas porque les agrada su aspecto físico o su belleza. El sesgo esta ahí siempre, latente. Quizá no nos moleste si nos beneficia pero hay que tener presente que el "efecto halo" funciona en positivo y en negativo. Es decir, el entrevistador podría inclinarse a no tenernos en cuenta sin razón aparente.

Si inconscientemente nuestro aspecto, nuestra voz o nuestra cara disgustan, tendremos más probabilidades de que nos toque la papeleta de "seguir buscando". Pero que nadie tome cita con el cirujano plástico, ya que el aspecto físico es solo parte de los estímulos que reciben los reclutadores de personal. Son gente muy bien preparada (que valorarán nuestro currículum por encima de todo), muchos de ellos psicólogos que conocen los mecanismos cognitivos que nos mueven a la hora de tomar decisiones. Así que, en teoría, los feos no tendríamos nada que temer... en teoría.

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