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Discutir con el jefe, ¿algo natural o una declaración de guerra?

En el ámbito laboral, como en todos los de la vida, se entablan relaciones personales más o menos placenteras y es normal que surjan los llamados "roces". La tensión puede dar lugar a una situación a evitar, como es la de discutir con el jefe, algo que puede que no sea necesariamente malo si se toman las medidas oportunas.

¿Se puede discutir con el jefe sin miedo?

Quien tiene el poder hace las reglas es una máxima que puede aplicarse a cualquier grupo humano, desde una familia a una empresa. Así pues, enfrentarse con la persona que tiene el poder puede tener consecuencias negativas si no se sabe cómo. ¿Se puede o se debe discutir con el jefe? Claro que se puede, pero sabiendo mantener el tono y las formas.

A pesar de que el miedo al jefe es algo inherente a su propia figura, como cualquier persona puede equivocarse, con la diferencia de que sus fallos pueden tener consecuencias mucho más acentuadas que las de sus trabajadores. Se le puede hacer ver a un jefe que ha cometido un fallo, pero siempre sin perder de vista que es quién es y que tiene poder, evitando regodearse en el error cometido y sin faltar al respeto.

En el caso de una discusión "espontánea" las reglas a seguir son las mismas. Hay que rebatir los argumentos de la otra parte siempre desde el respeto, proponiendo ideas para que no vuelva a suceder en el futuro y sin elevar el tono de voz, algo esto último que añade sin lugar a dudas un componente trágico a una discusión, que no deja de ser, realmente, un intercambio de ideas entre partes.

No hay que tener miedo a represalias por parte del jefe si se habla con respeto y no se cae en temas personales ni en reproches. Muchas veces discutir con el jefe puede ser una catarsis beneficiosa para ambas partes de la que nazcan nuevas ideas para la empresa.

Discutir con el jefe no es necesariamente negativo

A la hora de discutir con el jefe hay que adoptar una postura firme, aunque abierta, pero sin mostrarse sumiso. Ante todo, es necesario mantener las formas, no alzar el tono y no caer en el insulto personal o en las provocaciones. Además de una discusión pueden salir a relucir problemas que se no se conocían y que tras la discusión pueden solucionarse.

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