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¿Cómo detectar un mal compañero de trabajo?

Se dice que el puesto de trabajo es sagrado, no tanto por la importancia que tiene trabajar sino por el tiempo que se echa en él. Un trabajador medio tiene que pasar unas ocho horas, normalmente en un espacio cerrado o, si es al aire libre, dentro de un recinto limitado. En esta tesitura, la sacralidad del lugar de trabajo viene a decir que no le toques la moral a una persona que gasta un tercio de su vida encerrado en una oficina, y esto incluye inevitablemente la calidad de la compañía.

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Identificando a los compañeros tóxicos

Una de las señales más evidentes que delatan a un mal compañero es el mal rollo. Si a tu colega de oficina no hay encargo que le parezca bueno o pone a parir a cualquiera que se digne a proponer algo (incluyendo el jefe), ten la seguridad de que estás delante de un compañero tóxico, o al menos apunta maneras. El diagnóstico suele ser incontestable si el sujeto, movido normalmente por la envidia, además se regodea en la desdicha ajena y en los batacazos laborales de los demás.

Pero los compis tóxicos no se limitan a la vida contemplativa, también ejercen su poder activamente. Su arma, el cuchicheo. Sí, este tipo de compañero indeseable está todo el día malmetiendo entre el personal, aunque lo hace con un arte que te deja siempre en la duda. Pero no te preocupes, es que hacen gala de una hipocresía muy refinada y, claro, así es difícil intuir qué traman en realidad. Lo fundamental para descubrirlos es centrarse en qué dicen y cuál es la intención.

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Normalmente sonreirán a todos por separado, pero siempre intentando echar mierda encima al que no está presente y, sobre todo, intentando imponer su voluntad, su ego y sus ideas (por muy malas que sean) por encima de todo y de todos. Teniendo en cuenta estas señales es fácil desenmascarar la toxicidad de ese compañero que te trae por la calle de la amargura, se escaquea en cuanto tiene oportunidad y no pierde oportunidad alguna para dejar a sus colegas de curro en evidencia.

¿Cómo hay que tratar la mala compañía?

Para que la vida sea digna de ser vivida, en general, hay que tener una inteligencia emocional bien desarrollada. Esta máxima se vuelve de hierro cuando hablamos del trabajo, porque solo el que se toma la molestia de invertir tiempo en sus compañeros de oficina podrá saber de qué pie cojea cada uno. Si nos encontramos con un mal compañero, esa misma inteligencia nos ayudará a tomar las decisiones de la forma correcta para no dejarnos envenenar por las malas prácticas de los demás.

Con o sin una inteligencia emocional desarrollada, lo ideal ante un compañero tóxico es mantener las distancias, tanto físicas como emocionales. Va todo en el mismo paquete, si te distancias físicamente de esa persona, hablarás menos con ella, y al compartir menos tiempo y experiencias los lazos emocionales no se reforzarán. Pero la pasividad no es la única estrategia que tienes a tu disposición, además de no entrar al trapo y dar el callo, siempre puedes aportar una mirada positiva que ensombrezca la negatividad de los malos compañeros.

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